El destino

Creo en el destino escrito. Ese destino que no importa lo que hagas, o cómo lo quieras cambiar. Ya estaba marcado que debías cambiar tal o cual cosa. No modificamos absolutamente nada. Pero a veces pasa, que me detengo a pensar ¿Cuáles son los momentos justos? ¿Cuándo se supone que llega el momento en el que decidís cambiar algo? Porque pensar así te paraliza, hace que esperes que las cosas sucedan por sí solas, porque al fin y al cabo en algún momento pasará lo que está escrito.

Alguna vez escuché que el amor llega en el momento justo. Lamento disentir con la famosa frase hecha. A veces pasa que la desesperación te consume de tal manera que no tenés más ganas de esperar a que el destino se digne a mostrar buenas señales, querés que se termine esa especie de desgracia kármica que te persigue desde hace años, y empezás a desear hasta con rabia que todo cambie.

Me llamo Lena y desde que tengo 15 años lo único que hago es gastar todas mis energías en quejarme por lo malo que ha sido el destino conmigo, conformándome por momentos que si me olvido de todo y sigo caminando como si nada sucediera tal vez las cosas mejorarán. Alterno períodos de crisis de tristeza con momento de risas incontrolables. Lucho día a día por salir de una especie de encierro voluntario, que me provoca claustrofobia y adicción. Y así soy, inestable y ambivalente. Hasta que algo ocurre, y de una vez por todas el destino aparece con su mejor cara ante mí, en el momento justo.